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El caracol

  • espaciohabitarteps
  • 3 feb 2021
  • 2 Min. de lectura

Él dibuja el caracol.


Miro la imagen: circular, envolvente.


La copio al lado y mientras, cantamos (el caracol-col-col…)


Me pregunto a qué se refiere tanto trazo circular y repentino. Lo veo disfrutar al hacerlo, y ese placer hace que lo repita una y otra vez.


Y entonces ahí va de nuevo…naranja, verde: otra vez, negro, “azul mamá ahí” cuando es mi turno.


Pienso en el caracol como un animal en (su) movimiento…lento, como ante la imposibilidad de defenderse ante una cotidianeidad vertiginosa. Pienso que lleva su casa a donde quiera que vaya (un poco como nos pasa a todos: llevamos la “casa” de nuestra infancia hacia cada rincón que habitamos). Y un poco, otra vez como nos pasa a todos por estos días, el caracol No puede salir de su casa. Sale, pero no. Pasea “bajo el sol” pero sigue en su casa. Y se me aparece la imagen de aquellos que, trabajando desde su casa, hacen su pausa al sol (que atraviesa las ventanas inundando cada espacio del hogar).


Todos somos un poco como el caracol. Ahora marchando lento, con un ritmo denso atravesando los días, horas y tiempos tan vertiginosos como vacíos y errantes. Estamos ahí avanzando en un espacio-tiempo que ondula sin prisa. Sentimos que salimos de nuestro hogar, pero no. Entonces ya no es más nuestro refugio, ¿pues entonces que lugar puede serlo?


Una vez más, como el caracol, difícilmente podamos encontrarnos a salvo, en armonía con el ambiente en el que vivimos. Y, también como le sucede a este animalito, sentimos que hubo un día en que alguien nos tomó con fuerzas de nuestra piel, de nuestra casa-refugio, y nos colocó a su antojo en otro sitio, de modo que al salir de nuestro hogar, el mundo ya no era el mismo.


María Victoria Orellano

 
 
 

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