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EL TANGO, ¿UN RECURSO POSIBLE PARA LA PSICOMOTRICIDAD?

  • espaciohabitarteps
  • 26 abr 2021
  • 2 Min. de lectura

A lo largo de la formación de los y las Psicomotricistas, visitamos y ponemos en práctica distintas técnicas corporales, que luego de un recorrido que nos compromete en una tarea de observación y registro corporal profundo, dichas técnicas pueden convertirse en un recurso eficaz al momento de pensar una intervención psicomotriz. Muchas veces otorgamos a estos recursos un lugar privilegiado en nuestra “caja de herramientas”, siempre dinámica y lo suficientemente flexible para disponernos al encuentro con el otre.


En mi trayectoria personal, recuerdo que el Tango apareció como una vía de experimentación y contacto diferente entre quienes estábamos cursando en la formación corporal. Rememoro en y por las resonancias tónicas y afectivas que quedaron en mí, que el pasaje por la experiencia de presentar al Tango Danza -primeramente en tanto técnica, y luego volver a ella en una actitud reflexiva sobre la práctica-, me ofrecieron la posibilidad de tomarlo como un recurso; en la medida en que el cuerpo transitaba estados de tensión-distensión, iba fluctuando y se iba afectando por el otre.


Esto es concretamente observable en cada instancia de intercambio, de acuerdos para salir a caminar o en desacuerdos cuando sucedían los tropiezos. Si al tango lo consideramos como un lenguaje, y en tanto tal, como una construcción cuya materialidad reside en las vías en las que el cuerpo se manifiesta; va acentuando en cada instancia de relación con los cuerpos, las producciones del mismo (tono, postura, movimiento, actitud, mirada, etc.) permitiendo un acercamiento a la escucha singular y la construcción de ritmos, de acomodaciones que reconfiguran al cuerpo en una relación particular con el tiempo y el espacio.


En este sentido, en el encuentro entre dos cuerpos existen mediaciones, se efectúa un trabajo de acomodación, de una sutil escucha que trasciende el sentido auditivo para devenir en otros sentidos cooperando conjuntamente. Presenciar nuestro cuerpo sensible, hacer de esa sensibilidad un saber y una manera de conocer que puede ir desarrollándose y descubriéndose. Allí la piel extiende su sentido propioceptivo para tornarse un mediador de la comunicación. Se va gestando un diálogo que a la vez es tónico, es melódico, es efímero, es danzado, es placentero, es único.


Asimilamos, alojamos, somos receptáculo de lo que la piel del otre nos informa: su propia forma de ser y estar en relación con nuestro cuerpo. Allí la piel llama al músculo, el músculo convoca a la sangre, la sangre recorre los huesos, los huesos repercuten en los órganos. Cada sistema al servicio del abrazo. Un abrazo que contiene un potencial afectivo y relacional incalculable. Se puede traducir a cualquier idioma. En él y a través de él intentamos comprendernos, y cuando no, resistir a aquello que nos interpela, que nos conmueve y, por ello, seguimos bailando.


Aún queda mucho por decir sobre los vínculos entre el Tango y la Psicomotricidad. Entre ellos creo que existe cierta complicidad, porque valoran los silencios y hacen de las pausas un camino de posibilidades para encontrar(nos).


Laura Zufiaurre

Psicomotricista

 
 
 

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