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Habitando la distancia (Una experiencia posible...)

  • espaciohabitarteps
  • 3 feb 2021
  • 2 Min. de lectura

La llegada del COVID 19 a nuestras latitudes trajo consigo el anuncio del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) aquel 19 de marzo de 2020. El encuentro con los otros, el abrazo y el beso, tan arraigado en nuestra cultura, dejaban de ser posibles. La piel, ese lugar en donde se asientan los primeros contactos afectivos con nuestros otros primordiales, entraba en una pausa indefinida. Esta situación significó un desafío en lo personal y en lo laboral pues, estando tan habituados a la materialidad de nuestros cuerpos en el sostenimiento y construcción de cada vínculo, la virtualidad era un abismo lleno de preguntas.


¿Cómo sostener aquellos vínculos terapéuticos construidos en lo presencial? ¿Cómo seguir estando presentes en esta distancia? ¿Cómo repensar el encuentro cuando la virtualidad era la única opción de estar juntos y en el que lo sutil de cada toque no era posible?


Repensar como podríamos desde nuestra disciplinad trabajar, pantalla de por medio, fue la tarea que cada uno y cada una de nosotras tuvo que encarar en cada zoom, cada video llamada. Fue así que fuimos amigándonos con los dispositivos y algo que parecía un elemento impensado, fue reconvirtiéndose en un instrumento al servicio del encuentro con las y los destinatarios de la psicomotricidad; poniendo en juego recursos tales como la voz, extensión de nuestro gesto, para lograr sostener los vínculos y encontrarnos; cobrando ahora otra dimensión frente a la imposibilidad y distancia que la situación nos imponía.


Pero este no fue un trabajo en una sola dirección, contar con el apoyo de cada uno y cada una de los integrantes de cada grupo familiar, como sostén y motor para llevar adelante cada encuentro, fue lo que posibilitó andar un camino nuevo para nuestro hacer; afirmando de este modo la necesariedad de otros y otras como seres sociales que somos en nuestro quehacer. La situación de aislamiento se convirtió así en una posibilidad en la adversidad, permitiéndonos profundizar y poner en valor el trabajo de los vínculos familiares dentro del dispositivo de tratamiento psicomotor.


No puedo sino más que traer la cita de Julián de Ajuriaguerra (1971) quien menciona, “nuestro cuerpo no es nada sin el cuerpo del otro, cómplice de mi existencia”. La pandemia nos dio la posibilidad de poner el valor en el aspecto social relacional en la construcción del propio cuerpo y sus producciones, en recordarnos que nuestro hacer es con otros, sabiendo la importancia que la realización de cada acto motor tiene en el entramado social y relacional de cada sujeto.


Fue el poder traspasar los límites físicos que la pantalla nos ponía por delante, y construir un nuevo espacio en la que los bordes se expandían generando escenas de encuentro, juego y trabajo según las necesidades de cada destinatario y destinaria fue, desde mi experiencia, uno de los desafíos del 2020; poniendo a prueba todo lo cosechado a lo largo de mi proceso formativo y accionando la disponibilidad corporal impensada ante una situación de aislamiento en la que, pantallas mediante, se construyo, fortaleció y repensó cada encuentro.


Sofía Lavorel Galante

Psicomotricista




 
 
 

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