Psicomotricidad y acción socioeducativa con comunidades
- espaciohabitarteps
- 28 mar 2021
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Pensar los lugares de la Psicomotricidad en los procesos educativos en contextos comunitarios es reflexionar sobre aquellas interacciones del sentir, pensar y luego actuar anclado de la motricidad, la inteligencia y afectividad inscriptas en el tono. Y es que, mientras las capacidades psíquicas de los educando se pongan en juego con el grupo, la expresividad del cuerpo será mediada por las funciones de la inteligencia haciéndose cuerpo en el espacio simbólico y representativo.
Al referirme de educación social psicomotriz, la pienso como una pedagogía para una educación del movimiento en lo comunitario desde nuestro abordaje, abarcando la amplitud del trabajo interdisciplinario con otras disciplinas con que se teje redes de intervenciones.
Educar lo psicomotor en un grupo hace de nuestro rol como mediadores comunitarios enfocados en la promoción socio educativa de la constructividad del cuerpo en relación por, con y entre la otredad, propiciando mediantes diversas técnicas de educación popular enfocadas al movimiento, la toma representación y ficcional de los silencios del cuerpo, de las adjudicaciones inscriptas, de la escucha receptiva y el registro del patrimonio de los psicomotricistas que es una educación del tono.
Para llevar a cabo pedagogías centradas en lo psicomotor social, debemos adaptarnos a la convivencia y realidades territoriales, promoviendo como primacía un aprendizaje de la toma de conciencia del Yo Corporal, la organización del espacio, la atención conjunta, la percepción visual y auditiva del medio ambiente y de sus pares, la memoria visual, auditiva y del tono de su comunidad, la adaptación a los tiempos de la políticas públicas y la conducta adaptativa como razonamiento progresivo en el encuentro con su cuerpo en relación, de los silencios, decires y fantasmática que embleman al cuerpo.
No obstante, centrar la mirada al pensar las corporeidades en lo socioeducativo, me refiero en realidad a pedagogías recíprocas de lo tónico y sus huellas significantes para sentir y hacer. Donde vos y yo construimos puentes y redes, con todas esas identificaciones que nos hacen elegir un grupo y no otro. Es que existen en toda práctica educativa el poner el cuerpo del educando y los cuerpos del grupo para investir lugares de aprendizaje en conjunto, en esas relaciones psicoafectiva de "poner el cuerpo" a las matrices de aprender. De allí devendrá el verdadero ejercicio de la vivencia corporal para luego a una inteligencia adquirida. Está vivencia del cuerpo es el componente fundamental de la personalidad del grupo y de lxs sujetos involucrados. De la cual, está ligada a la relación del inconsciente y éste al cuerpo. Por eso decimos que es una construcción social el cuerpo, ya que superpone, un pacto de consentimiento de pasar por los sentimientos y emocionales hacia el cuerpo, cuando ese otro me recibe, me aloja y me da identidad en el grupo.
Sin embargo, quisiera destacar la palabra psicomotricidad en la comunidad, ya que requiere de una mediación activa, humana y receptiva de la demanda del grupo/colectivo. Además, con consiguiente, las instituciones suelen inscribir en el grupo rótulos que condicionan las acciones a llevar. En lo personal me ha pasado que directivos esperan que se vivencien arbitrariamente de tal manera una experiencia corporal como “Simplemente para que descarguen tensiones” o como me dijeron una vez “Sólo necesitan un circuito motor y ya”, esos suponer de la psicomotricidad son un controlar "ese ideal que suponen del grupo o del compartimiento de un sujeto", sin tener en cuenta lo que ese cuerpo con su guardapolvo, indumentaria, accesorio e incluso expresión corporal silencia por la arbitrariedad. Si hay algo que los psicomotricistas tenemos muy en claro es que, aquello que no se dice en palabras se están hablando con las producciones corporales.
La realidad a mi entender después de muchos años de intervención en ámbitos socioeducativos y sociocomunitarios, que quisiera estimadx lector es, que existen diferentes agentes / directivos institucional que recrean la idea de una psicomotricidad reducida a una metodología educativa de ejercicios, de circuitos y de sólo juegos. Son elementos que sí se ponen en juego en una propuesta, siempre y cuando el grupo habilite tal necesidad pero, no son los únicos instrumentos con lp cual aportamos, tenemos un abanico de recursos pedagógicos para efectuar tal tarea. También sugiero desterrarnos de imponer el análisis corporal, que más bien sería objeto de una clínica, en lo comunitario las elecciones de metodologías no son impuestas, sino que requiere de una sensibilización a la escucha corporal más que una lectura crítica, patologizante y reduccionista. Tomar conciencia de la importancia de involucrar los afectos y los diálogos es revalorizar los derechos que tenemos a la libre expresión.
En esos espacios de abordajes con la comunidad el sujeto sea cual fuese la edad descubre también, a través de la persona – educador en psicomotricidad, a un ser humano con el que puede intercambiar otra cosa además del juego, ejercicio, circuito, etc, intercambia gestos, posturas, miradas, sostén, transgresión, resonancias y claramente un compañerx simbólico para sus existir y ser con su cuerpo.
A tal efecto, he de advertirles que los encuentros de talleres de psicomotricidad socio educativas, como en centros de desarrollo infantil, juegotecas comunitarias y hospitalarias, contextos de encierro, centros de jubilados, entre muchísimos lugares más, al principio lxs sujetos se muestran tímidxs, y es que habilitar experiencias corporales pone en manifiesto lo inconsciente de las huellas inscriptas en el tono y sus emociones. Por lo tanto, estos lugares va a involucrar nuestro rol como mediadores de la escucha de los cuerpos, para que sean propuestas libre al curso de la creatividad y comunicación grupal, a lo imaginario y la expresividad, a los decir aquello que se silencia, y a liberarse de la opresión de los cuerpos para una imagen biopolitica de los mismos. En esté sentido Winnicot (1993) nos dice que "el juego, en sí mismo, es una terapia". Si partimos de ésta formas de mediar el cuerpo en el juego, los cuentos, la relajación como actividades comunitarias tomará todo su significado.
En definitiva interrogarse sobre el lugar de la psicomotricidad en la educación del tono de la comunidad es también interrogarse sobre el lugar del ser agentes en lo socioeducativo como humanizantes a la escucha del grupo. Yo los invito a ser agentes de cambios en la comunidades.
David A. Burzac



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