Rituales y pasajes en tiempos de aislamiento (2da parte)
- espaciohabitarteps
- 4 feb 2021
- 2 Min. de lectura
Y circula la pregunta de ¿cómo recuperar algo de nuestro legado cultural-social-afectivo, cómo visibilizar algo de ese dolor -el de la pérdida de un ser querido- para... que no se quede tan adentro?
La mañana del pasado 10 de Septiembre se abrió paso con el llamado de una de mis hermanas que me avisaba la partida de uno de mís tíos políticos, marido de la hermana de mi papá -todos ellos, adultos mayores, o sea, mis padres y mis tíos-. Hacía un rato que me venía preguntando cómo afrontar estas despedidas en un momento en que la premisa, por así decirlo, es #quedateencasa. La pregunta ahora imponía respuesta al tornarse en un suceso familiar a enfrentar. Decidí que sería yo quien transmitiría la noticia, pero, antes, me tomaría un momento para evaluar -¿los cómo decir?-.
Ensayé contándoles a mis amigos. Resonaron en mí dos palabras que representan casi la misma cosa: fallecimiento - muerte. Posiblemente, muchas otras veces utilicé estos términos como sinónimos, sin detenerme a reflexionar acerca de su significado, pero -hoy- los escucho diferentes.
Quizás, buscaba las palabras adecuadas para hablar con mi papá. Quizás, inconscientemente, buscaba una demora, un tiempo que me permitiera elaborar mi dolor para, después poder decir, para poder estar disponible y a la escucha de otro que recibía una noticia teñida de tristeza a la vez que de distancia. Sin dudas, la presencialidad vedada se me tornaba un obstáculo más.
Llegó la hora de la llamada y la conversación con mi padre me confirmaba que, para algunas situaciones, no alcanzan los ensayos. Recordando que este tío era amigo de mis padres desde la infancia, que ambas familias habían arribado al país viajando más de 30 días por las aguas del Océano que los alejaba de sus tierras desvastadas por la guerra, mi voz se quiebra, no encuentro palabras y repito palabras de mi hermana: "el tío P se quedó dormido y no despertó". De éste, mi lado del teléfono, se escucha un silencio que traduzco en una búsqueda de respuesta a la pregunta implícita y retórica ¿me está diciendo que se murió? El silencio me despabila y entiendo que lo dicho genera desconcierto. Re-lanzo y ubico la palabra muerte, para dar sentido a la noticia. Y la pregunta de papá -"¿qué se hace, la llamo? Ahora es todo por celular, ¿no?".
E insiste la pregunta de ¿cómo recuperar algo de nuestro legado cultural-social-afectivo, cómo visibilizar algo de ese dolor -el de la pérdida de un ser querido- para... que no se quede tan adentro? Porque, considero, que la peor pandemia será despojarnos de nuestros saberes, quitarle el sabor a vivir, sacarle el espacio a los placeres y a las alegrías del día a día, asfixiarnos con noticias que no nutren ni iluminan.
Mortificarse no es lo mismo que morir, La muerte, convive con nosotros desde el primer aliento aunque jamás nos acostumbramos a ella. Más aún, a veces, se nos borra su existencia. Jamás nos acostumbramos como confirmación de que somos seres sensibles, no automatizados. No acostumbrarnos a sentir dolor nos refirma como seres de un colectivo, el de la especie humana. No acostumbrarnos para registrarlo como parte de nuestros afectos, para que, atravesando el dolor de la pérdida, reordenemos, revisemos, reconstruyamos, el presente propio.
Lic. Fabiana Cassano



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