¿Vamos a jugar? Dale!
- espaciohabitarteps
- 4 feb 2021
- 2 Min. de lectura
¿Vamos a jugar?
Cuántas veces, durante el año 2020, nos hemos hecho imaginaria o realmente esa pregunta, cuántas veces la hemos escuchado en voz de un niño o una niña, en el rostro camuflado por barbijos de un adulto o adulta que lo pedía con toda su gestualidad latente y deseantes de hacer con el cuerpo; cómo esa pregunta podía armar un espacio entre el adentro relacionado instantáneamente con el encierro, la imposibilidad y el afuera que trae sus posibles.
Muchas otras veces hemos ensayado una respuesta que supliera al “dale”, trayendo a la creatividad de golpe, despabilándola, sacudiéndola, buscándola desesperadamente porque ella creyó que estábamos jugando a las escondidas…Otras tantas situaciones, similares o diferentes habrán acontecido en cada uno y en cada una, en cada casa, en cada familia, en cada comunidad, en los inimaginables rincones de este mundo. Cuándo, cómo, con quién, dónde, para qué “vamos a jugar” si un suceso, uno solo con sus múltiples efectos había cambiado las reglas del juego.
La pregunta iba coloreándose de incertidumbre, de miedos, de sorpresas, de reflexiones, capas y capas que hacían el que el jugar, ese verbo siempre acto, puro cuerpo, se fuera alejando cada vez más, separándolo del tiempo actual de las infancias, del vamos, del nosotras y nosotros, para armar otras oraciones, ya no en tono de pregunta, sino en afirmaciones que se sentían contundentemente en el cuerpo: “vamos a cuidarnos”, “vamos a quedarnos en casa”, “vamos a usar la computadora ahora”, “vamos a trabajar”, “vamos a estudiar”.
A partir de la potente insistencia, de la repetición necesaria de dicha pregunta encontramos formas diferentes a lo que creíamos que hacíamos cuando jugábamos en los tiempos “prepandémicos”, o por lo menos intentamos transformar la mirada sobre ese hacer lúdico asumiendo una postura disponible al imaginario, a regresar a los refugios, a (re)construirlos usando dos sillas y una sábana, a contar cuentos que nos habían contado, a animarnos a narrar una nueva versión, a esperar que el rayo del sol apareciera en ese único rincón de la casa en el que aparecía para brindarnos calor, proyectándose en alguna parte de nuestra piel y que nos daba contacto, al modo de una caricia.
Creo que este año nuevo que comenzó la pregunta vuelve con fuerza, para recordarnos aquellos actos que nos transformaron, que tallaron vivencias mediatizadas por un dispositivo pero mediadas por los vínculos humanos. Allí creo que radica el valor del jugar: para que nos preguntemos por la vida que pulsa, que excede la conexión de wifi, que rebalsa la memoria del teléfono y nos conmueve con su deseo. Para que asumamos los cuidados que las corporeidades necesitan hoy, que lo que pensamos perdido lo encontremos jugando, o no, lo inventemos…
Entonces,
¿Vamos a jugar?
Dale!
Maria Laura Zufiaurre
Psicomotricista



Felicitaciones!! Me encantó tu escrito Maria Laura🌷👏